ANALISIS El reto del comercio electrónico: Europa en la encrucijada Mientras que la actitud de los directivos europeos es de "esperar y ver", EEUU toma posiciones Antonio Mena Hay quien dice que
"el comercio electrónico es la fórmula de
transacción más efectiva que conocemos, exceptuando
la telepatía". Un estudio realizado por Andersen
Consulting a partir de entrevistas con cuatrocientos
altos directivos europeos demuestra que para éstos la
frase no es una simple hipérbole. Paradójicamente,
frente a una valoración positiva del comercio electrónico
por parte de los directivos europeos, el estudio
constata que la actitud predominante es la de
"esperar y ver". Esta actitud entraña una
importante amenaza a la competitividad de las empresas
europeas, con la consiguiente pérdida de empleo y de
cuota tanto en los mercados exteriores como en el
interior.
Situación
Actual Es, precisamente, esta
actitud de espera la que preocupa. Europa no puede
permitirse el fuerte contraste entre las opiniones de
los directivos y las acciones que abordan sus empresas.
Los directivos han dejado claro en este estudio que el
comercio electrónico aporta una mayor velocidad en las
transacciones (73%), que mejora la gestión de la
información (69%) y el servicio al cliente (68%), además
de facilitar el acceso a los mercados globales (63%).
Por lo tanto, Europa se encuentra en una encrucijada
planteada desde la realidad del comercio electrónico
que, dentro de la complejidad de cualquier proyección,
se concreta en dos escenarios de futuro: una Europa
reacia al cambio que se deja guiar por la política de
"esperar y ver" y que se resume en una
amenaza para la competitividad, pérdida de cuota de
mercado y de puestos de trabajo; otra Europa, antitética
a la anterior, que aprovecha la ventaja competitiva del
comercio electrónico, provocando de esta forma el
aumento de la competitividad, la creación de nuevas
empresas y el crecimiento del empleo.
En todo caso, el panorama europeo no es del todo homogéneo. De hecho, conviven cuatro realidades diferentes: la de los países escandinavos, los más desarrollados en esta modalidad comercial; los potenciales mercados de vanguardia, como son Alemania, Reino Unido, Holanda y Suiza; los altos desarrollos en nichos concretos, como en el caso de España, otros países del sur de Europa e Irlanda y Bélgica; y, por último, un caso aparte como el de Francia, dada la puesta en marcha en 1979 de la experiencia pionera Minitel, con un total de 20 millones de usuarios. En conjunto, Europa cuenta con una sólida base para un alto desarrollo del comercio electrónico. Los obstáculos potenciales, en ningún caso insuperables, se resumen en el alto coste de las telecomunicaciones, un marco regulador insuficiente y diferencias culturales entre países. A su vez, la potencialidad del comercio electrónico europeo se sustenta en una fuerte base industrial y de telecomunicaciones, además de la trayectoria en materia tecnológica y científica. Más concretamente, Europa cuenta con el liderazgo mundial en telefonía móvil de Italia, una amplia difusión de tarjetas inteligentes en España, un alto potencial de desarrollo de la televisión digital en el Reino Unido y la ya mencionada experiencia Minitel en Francia. El Mercado Único y la entrada en vigor del euro, junto con la liberalización de las telecomunicaciones y su consecuente abaratamiento, son otras de las razones que apoyan el previsible auge del comercio electrónico en la Unión Europea. Los gobiernos nacionales y la Comisión Europea están ya intentando regular el comercio electrónico en el nuevo espacio de la UE. Medidas a adoptar El comercio electrónico es una realidad y sus cifras dan ejemplo del interés en no dejar pasar la ocasión. Entendido genéricamente como el intercambio de bienes y servicios de cualquier clase a través de un medio electrónico, el comercio electrónico se ha disparado gracias a la popularización y desarrollo de Internet. En los pasados cinco años, Internet ha pasado de ser una red con tres millones de usuarios, principalmente norteamericanos, a convertirse en un medio comercial masivo con 100 millones de usuarios en todo el planeta, de los cuales 25 millones residen en Europa. El importe de las transacciones realizadas a través del comercio electrónico en 1998 a nivel mundial ascendió a billón y medio de pesetas. Las estimaciones para el año 2002 sitúan esta cifra en los 75 billones de pesetas. Datos Actuales En todo caso, el panorama europeo no es del todo homogéneo. De hecho, conviven cuatro realidades diferentes: la de los países escandinavos, los más desarrollados en esta modalidad comercial; los potenciales mercados de vanguardia, como son Alemania, Reino Unido, Holanda y Suiza; los altos desarrollos en nichos concretos, como en el caso de España, otros países del sur de Europa e Irlanda y Bélgica; y, por último, un caso aparte como el de Francia, dada la puesta en marcha en 1979 de la experiencia pionera Minitel, con un total de 20 millones de usuarios. En conjunto, Europa cuenta con una sólida base para un alto desarrollo del comercio electrónico. Los obstáculos potenciales, en ningún caso insuperables, se resumen en el alto coste de las telecomunicaciones, un marco regulador insuficiente y diferencias culturales entre países. A su vez, la potencialidad del comercio electrónico europeo se sustenta en una fuerte base industrial y de telecomunicaciones, además de la trayectoria en materia tecnológica y científica. Más concretamente, Europa cuenta con el liderazgo mundial en telefonía móvil de Italia, una amplia difusión de tarjetas inteligentes en España, un alto potencial de desarrollo de la televisión digital en el Reino Unido y la ya mencionada experiencia Minitel en Francia. El Mercado Único y la entrada en vigor del euro, junto con la liberalización de las telecomunicaciones y su consecuente abaratamiento, son otras de las razones que apoyan el previsible auge del comercio electrónico en la Unión Europea. Los gobiernos nacionales y la Comisión Europea están ya intentando regular el comercio electrónico en el nuevo espacio de la UE. Medidas a adoptar El comercio electrónico es una realidad y sus cifras dan ejemplo del interés en no dejar pasar la ocasión. Entendido genéricamente como el intercambio de bienes y servicios de cualquier clase a través de un medio electrónico, el comercio electrónico se ha disparado gracias a la popularización y desarrollo de Internet. En los pasados cinco años, Internet ha pasado de ser una red con tres millones de usuarios, principalmente norteamericanos, a convertirse en un medio comercial masivo con 100 millones de usuarios en todo el planeta, de los cuales 25 millones residen en Europa. El importe de las transacciones realizadas a través del comercio electrónico en 1998 a nivel mundial ascendió a billón y medio de pesetas. Las estimaciones para el año 2002 sitúan esta cifra en los 75 billones de pesetas. Datos Actuales Estudios recientes establecen que el uso agresivo del comercio electrónico posibilita un incremento de beneficios entre un 10-20%, reduce costes un 20-45% y las necesidades de capital circulante e infraestructura física hasta un 60%. En la actualidad, los Estados Unidos capitalizan el 80% de los beneficios derivados del comercio electrónico y Europa corre el riesgo de quedar relegada al liderazgo norteamericano y, si no reacciona, abocada a un simple callejón sin salida. Por el momento, Suecia es el único país en el que una proporción sustancial de los encuestados, un 46%, afirmó que está enfocando el uso de Internet para dirigir los retos claves de sus negocios. En Italia y Alemania, sólo el 6% y el 3%, respectivamente, admitieron seguir esta misma estrategia. Por tanto, es necesario un cambio de actitud por parte de las distintas administraciones públicas y del tejido empresarial europeo. En Andersen Consulting pensamos que las empresas deberán orientarse a las necesidades de los clientes de forma individualizada y crear o aprovechar de forma óptima los canales de distribución e intermediación. Asimismo, deberán estrechar las relaciones con proveedores y clientes e invertir significativamente en márketing, tecnología y gestión del conocimiento. En cuanto a las administraciones públicas, habrán de colaborar con el mundo empresarial y con otras administraciones para crear un marco regulador internacional del comercio electrónico. Además, tienen la obligación de impulsar fórmulas de capital-riesgo para apoyar a las compañías basadas en el desarrollo de alta tecnología y de informar a los ciudadanos de las características del comercio electrónico. Por último, las administraciones públicas deberán erigirse en usuarias de referencia del comercio electrónico o, lo que es lo mismo, dar ejemplo.
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